martes, 2 de febrero de 2010

Escribí este microrrelato para un concurso de periódico. Ni siquiera sabía de qué iba la novela en la que debía basarse cuando lo escribí. Al final resultó no importar demasiado, y no porque ganara, que no gané, sino porque escribí.


Vagar es la única salida. La mejor decisión: tomar las carreteras, patearlas hasta perder el aliento. Que la marcha sea tu único compromiso con el mundo, hijo mío. Todo empezó con el miedo de los hombres. El ser humano se asusta de su espejo, de su oquedad, de su mejor hallazgo: la no existencia de un Supremo; saber que no habrá más tregua que la de la camarada que les tiende la mano; más esperanza que sus sueños. Y eso les da miedo porque saben quiénes son.
Temen dejar de ser sus propios ídolos. Te diré una cosa: ellos provocaron esta situación. El hombre carcomió la naturaleza con los dientes. Se disfrazaron y repartieron las funciones de dioses furiosos: delegarse estas tareas fue su error. Mientras las mujeres soportaron el ninguneo y la condescendencia; fueron rebajadas a las mascotas preferidas de los hombres, las que merecen el peor castigo. Ahora ellas levantarán del polvo estos cuerpos consumidos de dictadores. Vayamos a buscarlas, algo me dice que esta es nuestra carretera.

2 comentarios:

  1. A mí me encanta que hayas entrado y me dejes un comentario, "Anónimo". ;)
    Espero leer algo tuyo muy pronto.

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