Virgil Starkwell es mi héroe. Y lo digo aquí y ahora. No creo que pase de unas horas.
A él le debo mi mandíbula batiente de ayer por la noche.
Woody Allen tiene algunas pelis extraordinarias.
La historia del joven Virgil, un alfeñique romántico, no culmina con un final feliz, aunque él nunca se despega de sus ideales.
Virgil no es torpe ni mentiroso, pero no tiene trabajo. Sus aspiraciones son bastante corrientes: formar una familia y ser feliz en ella. Pero sus ideales, como digo, distan bastante de los de un padre de familia. Estos le hacen no encajar en la sociedad.
Virgil merece ser feliz y, por esta misma razón, se le condena.
Perdón por no extenderme más pero me caigo de sueño y sería una injusticia escribir sobre Virgil sin ser capaz de teclear properly.
Siempre quise ser una mezcla entre Virgil y Peter Sellers. Ya estoy tan calvo como ellos, así que ahora me toca encontrar una montura de sesentera como las que gastaban...
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