lunes, 26 de marzo de 2012

En la caseta de madera de los enanos

Una manada de amigos acurrucados en la caseta del parque. Eso éramos. Cuando uno de nosotros se movía, los demás se quejaban (moviéndose). Nos recolocábamos mostrando la inclinación momentánea por los muslos o el olor de uno y otro. Pero este criterio podía cambiar en pocos minutos.
Mamen solo sabía hablar haciendo incisos. Y yo parecía ser la única que se daba cuenta (pero esto era porque yo no hablaba).
Se sentaron en el banco de enfrente, al solecito, una chica rellenita y una señora mayor, a la que había traído en silla de ruedas. Esta casi no movía las piernas y la chica le gritaba todo. La iaia parecía querer incorporarse o echar a volar en cualquier momento. Y la muchacha la sujetaba del brazo cada vez que esta buscaba el impulso.
La chica también se retorcía. Yo creo que debía de dolerle todo el cuerpo y alguna cosa más, porque tenía muy mala cara. Simplificaba las frases a cuasimonosílabos, así podía decirle a la iaia: "En-u-na-se-ma-na" o "Las-seis-y-cuar-to".
La iaia hablaba mucho, pero no se le oía. Desde la caseta y con el solazo pegándome en la cara solo podía ver cómo movía la boquita sin labios.
A todo esto llega Gloria con su banda sonora en el iPad ese de los huevos. No me acuerdo de qué canción de Rihanna traía y se pone a contonearse delante de nosotros. Qué tipazo tiene, la cabrona.
Luego el tonto de Jose -que yo creo que ya se había calentado después del ratito que llevábamos los cuatro allí metidos haraganeando- le suelta que unos días la veía muy bonica y otros muy fea. Así, sin venir a cuento ni nada. Con su caraza de pan quemao y tan pancho que se quedó. A Gloria le dio bastante igual, pero a Mamen (que yo creo que es lesbiana o algo así) no. Y en cuanto empezamos a hablar de la bulla que se montó el viernes en el insti coge y suelta "Una pregunta: ¿A vosotros os salen granitos al depilaros el coño?". Y todas diciendo que no -yo incluida-. Hasta Jose decía que a él tampoco le salían en los huevos. Qué asco Jose y sus huevos pelaos, de verdad. Y qué calentón todos ahí en la caseta, sin ganas de salir ni de entrar ni de nada. Y qué mentirosos con el tema de los granos. La única que dijo la verdad a medias (como siempre) fue Mamen, que dijo que a su madre sí le salían.
Y nada, ayer ya poco más.

3 comentarios:

  1. ¡¡¡Pero por qué no escribes un novelón ya!!!

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  2. ¿Tú crees que debería? Necesitaría tiempo y ganas, la verdad. Escríbelo tú, "anónimo"!!!!

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  3. Pues tiempo y ganas tampoco son cosas muy difíciles. Hala, los dos a escribir novelas!!

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