
"La individualidad de la mayoría de los hombres es tan miserable y tan insignificante, que nada pierden con la muerte: lo que en ellos puede aún tener algún valor, es decir, los rasgos generales de la humanidad, eso subsiste en los demás hombres. A la humanidad y no al individuo es a quien se le puede asegurar la duración. Si le concediese al hombre una vida eterna, la rigidez inmutable de su carácter y los estrechos límites de su inteligencia le parecerían a la larga tan monótonos y le inspirarían un disgusto tan grande, que para verse libre de ellos concluiría por preferir la nada. Exigir la inmortalidad del individuo es querer perpetuar un error hasta el infinito."
La verdad es que me han entusiasmado las cinco páginas de Metafísica de la Muerte: ese alegato enérgico y convencido de Schopenhauer en contra de la individualidad; esa sensación que te queda de no ser capaz de mirar al gusano a los ojos (desde abajo).
A pesar de que -metafísica y trascendentalmente- estoy con él a muerte, en mi día a día me niego a ser una persona congruente a estos niveles de lógica universal. Sin embargo, qué necesarios y sanos resultan este par de sopapos aún en nuestros días. El pesimismo de Schopenhauer sigue manteniéndose enérgico y potente.
Hace ya meses que siento rechazo (paso de analizar por qué) a todo aquello que no sea poesía, cómic o artículos, así que he decidido volver a leer algo de filosofía. Schopenhauer me ha dado dos sorpresas, una buena y otra mala. Metafísica del amor era la mala.
Tampoco se puede esperar mucho de un misógino del siglo XIX si la materia de la que nos va a hablar es "el amor". Schopenhauer dice algunas cosas que, sin rematar, podrían pensarse como científicamente demostrables: el hombre (¡él solito!) llama amor a lo que solo es atracción física; esta no es suficiente -y aquí se produce el desencanto- para el hombre si no culmina en perpetuación de la especie; y, es por esto, que el hombre -lo repito insistentemente porque a mí también me ha cabreado la anáfora cacosemántica- busca en la mujer aquello que le falta y que considera positivo, en vistas a ese proyecto (¿individual?) que es el hijo.
Pero aquí no acaba la cosa: La mujer, que solo busca fortaleza física y valor (¡valor el que yo tengo para seguir leyendo!) en su futuro marido, tiene también el honroso papel de destruir aquellos defectos que no desea que su hijo herede.
Yo también tendría angustia de la peor si estas ideas se hubieran instalado en mi cabeza, la verdad.
Aún con todo, recomendaría la lectura de las dos metafísicas de Arturín, que algo de poso (bueno) te dejan para estar rumiando un par de días.
¿Estaré, ahora sí, preparada para volver a "El mundo como voluntad y representación"?
Para ser tan existencialista y estar tan amargado sólo hace falta tener un clima de mierda, imho :-P Lo siento, pero me interesan más tus reflexiones que las de un agonías nórdico o germano :-)
ResponderEliminar¡Hombre! Tú por aquí, "Anónimo". :P
ResponderEliminarPues te sorprendería la cantidad de cosas que compartís tú y el pobre Schopenhauer, aunque en tonalidades distintas.
Muchas gracias por comentar, que cuando arranco de una puñetera vez y veo que me falláis los dos comentaristas subcontratados me da la bajona...
Por cierto, ¿podrías decirle a tu amigo T.G. que se abra ese blog de reseñas de cine, literatura y cómics que iba a abrir? Te lo agradecería mucho.
Mmmm… Por alusiones creo que debo intervenir en esta conversación…
ResponderEliminarNo tienes derecho a ninguna bajona si alguno de tus DOS comentaristas subcontratados se queda en silencio. Piensa que hay gente que solo tiene la mitad (ejem).
Por otro lado, lo poco que he leído del tío Shope no me ha gustado mucho. Me recuerda a Camus en el sentido de que escribe muy bien, pero sus razonamientos a veces son más estéticos que lógicos. No sé. Yo prefiero a Daniel Recha.
Tienes razón, Currito. No tengo derecho pero es que soy de pataleta fácil y, por si fuera poco, tengo un blog al que lloriquearle.
ResponderEliminarA mis dos comentaristas namás que puedo decirles GRACIAS.
Y tú, amigo, no aquejes que tendrás no solo comentarios sino también una vida plena.
Y a Schopenhauer ya le hago yo un hueco, que ya he visto que lo vuestro con él no ha sido amor a primera vista. :P
A lo de... voy a hacer caso omiso.
¡Muá!
Schopenhauer es una attentionwhore de primer orden
ResponderEliminarPues ya he aprendido una palabrita más, ea. :)
ResponderEliminar