Y el sueño era este:
En la moto la negra gordita agarrada a alguien, con minifalda y rodilleras de cuero con tachuelas y dos pinchos gigantes, a la altura de la rodilla. Los pinchos no salían de la rodillera sino de la rodilla. Y sí que había sangre alrededor.
Ya la había visto antes en el bus. Iba con su palo de ciega y con el hombre chillón. Hablé con ella. Me dijo que el hombre era analfabeto; que se creía alcalde porque tenía un amigo que lo era y que no tenía dientes. De esto último me había dado cuenta.
Siguiente imagen: muchos amigos en una habitación. C. hablando con ella. C. desaparece. Ella y un negro musculoso (actor porno, según le ha dicho a C.) metidos dentro de un barreño de madera no muy grande, follando. Cuando él se pone a follar ella se sumerge. Ella está de espaldas, con la cabeza y el torso bajo el agua y el culo en pompa.
Le veo los dos pinchos en la rodilla, insertados en la carne, ya sin las rodilleras de cuero. Me asusto. Me dice que lo hace todo por él, por el sindientes. Que lo quiere. (Llora). Se vuelve a sumergir y el otro erre que erre, dale que dale, zumba que zumba. Eso es el sexo -pienso-.
El viejo no quiere salir en las fotos sin dientes, así que ella hizo el sacrificio.
Me despierto e intento imaginar la de cosas que deben de haberse hecho en esta vida por regalar una dentadura.
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