viernes, 19 de octubre de 2012

Cuidados I

Aquí me encuentro. Justo aquí. Con mis 28 tacos y estudiando un grado medio de Cuidados Auxiliares de Enfermería. Después de acabar la licenciatura, haber catado trabajos de todo tipo (con y sin nómina) y un máster, idiomas, cursos, etc. Lo que hemos hecho todos, vamos. Supongo que a esto es a lo que se le llama "adaptación al medio". 
La verdad es que, aunque quiera disimularlo, lo estoy viviendo como un auténtico minidrama. Y lo digo pese a que me parece la hostia de interesante y útil estudiar este módulo. Pero me imagino toda una vida -que no es mejor ni peor que la de cualquier otro currela, si lo piensas- de desgaste físico y psicológico bestial. Siempre he admirado mucho a los cuidadores (hasta a los malos, o especialmente a estos) porque, aunque se les considere los últimos monos en cualquier hospital, residencia o incluso en el domicilio, de ellos depende el bienestar diario del paciente. Son los únicos capaces de dignificar al paciente dependiente o necesitado (en el caso de que lo consigan). Y es curioso que aún haya gente que quiera poner en duda su profesionalidad hablando de que "lo hacen por dinero". Como si ellos trabajasen por gusto. O, espera, posiblemente los que hablan en estos términos puede que ni siquiera necesiten trabajar o que otros hagan su trabajo por ellos.
Casi todas las compañeras de clase -solo hay un chico- que pasan de los 18 años están trabajando de cuidadoras. Dos de ellas al menos son internas y las horas libres que tienen entre semana las dedican a las clases (seis horas todas las tardes, de lunes a viernes). 
Ayer, al salir de clase, Elva -una de mis compañeras- me dijo que ella vivía en casa de un matrimonio de ancianos y que libraba los domingos para ir a la iglesia. 
Me impactó más de lo que debería, supongo. Pero creo que no voy a dejar de sorprenderme este año (y solo llevo una semana en clase).
Pensé que seguramente yo era una floja, porque ya se me está haciendo cuesta arriba tener varios exámenes todas las semanas, cuidar a la yaya algunos findes y no tener un puñetero euro para hacer nada. Aún así, y puede que me equivoque, soy más libre que Elva. Y eso me hizo sentir un poco mal ayer. Quiero decir que el primer sentimiento que tuve fue de culpa. Y luego de cabreo, por haberme sentido culpable.
Se lo conté a un par de amigas que vinieron a recogerme y me dijeron que no es que yo fuera una blanda, sino que Elva era una masoca.
Pues igual un poco de razón tienen. La iglesia es tan perversa que ayuda a gente como Elva a llevar esa vida con una sonrisa. Y, aquí igual sí peco un poco de subidita, pero no creo que se trate solo de pasión por el trabajo (seguramente está mal remunerado). No dudo de que este pueda darle algunas satisfacciones, sino de que hay una actitud sumisa y complaciente (asociada a la feminidad y duplicada porque los trabajos de cuidados son trabajos feminizados) por parte de Elva a la hora de enfrentar su trabajo. Aunque no lo creáis, llegados a este punto, no lo juzgo. El trabajo de una interna es su vida. Y no creo que cualquier otro trabajo lo sea de una forma tan objetiva. Estoy hablando de vivir en tu trabajo (además de vivir de él, que eso lo hemos hecho todos). Luego se trata de una cuestión de mera supervivencia. 
A mí la precariedad y el ser cuidadora me ha cambiado mucho. Me ha quitado alegría. He vivido cosas que preferiría haberme ahorrado hasta, por lo menos, los cincuenta años. Pero también he aprendido mucho. 
Tengo una visión mucho más crítica acerca de algunas personas y me he vuelto más empática con otras. Y gente a la que hubiera considerado fascinante hace algunos años, ahora me aburre y me sobra. Y además es que no puedo evitarlo.
Está claro que cada uno tiene su experiencia vital y que la mía no es más reveladora que la de quien ha vivido leyendo la historia de Elva, pero que nunca ha hablado con ella. No, no, no. A quién quiero engañar. No pienso así, joder. No.
No me creo a la gente que piensa que la solidaridad, la sororidad o la amistad se siente y ya está. Creo que hay que actuar y que lo demás es limosna. Y la limosna es un patrimonio conceptual de los religiosos y los fachas.

5 comentarios:

  1. "Creo que hay que actuar y que lo demás es limosna", ¡ser sujeto siempre es agresión! Eso les repele a los socialdemócratas bienpensantes buenrollistas (con buenos sueldos) que trabajan en el departamento mundial de recursos humanos. Basta de comportarnos como objetos, variable dependiente, ¡nunca mais!
    ...
    Qué gran entrada, la habrás producido desde el desánimo y estarás con la nubecita negra sobre la cabeza, pero lo que escribes tiene fuerza e insufla energía :)

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  2. Me encanta poder saber de ti aunque sea a través del blog. Siempre es una alegría poder verte en tus entradas.
    Espero con ganas "Cuidados II".

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  3. Johnny, tú sí q me insuflas energía y me das fuerza a mí. Y mira, se me ha caído una lagrimilla leyendo tu comentario. ¡Y ya me callo!
    Curro, nunca se sabe si habrá un "Cuidados II", pero desde luego el de los cuidados es mi tema (desde hace un par de años más que antes) y ya no puedo quitármelo del coco. Gracias por pasarte. ;)

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  4. Curro y yo tenemos un amiguete que con su carrera de psicología bajo el brazo se metió a currar de cuidador, y sin cobrar, así que mira que aún hay gente que hace que merezca la pena tener esperanza.

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  5. No pongo en duda la buena voluntad de vuestro amigo, pero a mí lo de que la gente trabaje gratis sí que me hace perder la esperanza, tío. :(
    Ah, y cuidadores somos todos los que cuidamos. Pero hablaba un poco de las condiciones de trabajo de las que ejercen de forma profesional.
    Gracias por comentar, guapo.

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