Voy a dedicarme a la venganza.
No habrá nadie que me vuelva a decir "mi amor"
No habrá nadie que me engañe sin que yo le dé permiso.
Y no se lo doy a nadie.
Me vengaré colándome en tus arterias
Haciendo que no te olvides de nada
Olvidándome de que te gustaba mirarme desde la otra esquina de la habitación.
Pero ahora mismo no lo hago
Porque primero he de planear mi venganza.
Mi venganza va a ser no odiarte
Y lo que viene luego es todo felicidad.
Pero tú de todo esto no sabrás nada.
¡¡!!
ResponderEliminarNo estará usted haciendo prácticas de espionaje para infiltrarse en los dominios bichiles, ¿verdad?
ResponderEliminarAy, Currín, mí no entender. ¿Qué dominios bichiles? ¿Qué prácticas de espionaje?
ResponderEliminarJo, no me extraña. Ahora releo mi comentario y hasta a mí me parece estar escrito en arameo antiguo... Creo que lo que quería decir es que el texto me recuerda a ciertas personas con las que me llevo mal (esto eran "los bichos").
ResponderEliminarZas, en toda la boca...
ResponderEliminarGracias, el sabor dulzón de la sangre es un desayuno tan bueno como otro cualquiera.
Bueno, es mejor. Mitiga la anestesia.
La anestesia no sé si sirve de mucho.
ResponderEliminarMe alegro de que hayas sabido recibir bien el golpe, "Anónimo".
Y no puedo imaginar que la sangre tenga un sabor dulzón, a no ser que te entre (o salga) a borbotones en la boca.
Gracias a ti por comentar.
qué chulo nena!! :-)
ResponderEliminarGracias, Rosika guapa.
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